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jueves, 7 de octubre de 2010

Hegemonía económica y guerras comerciales

Mié, 06/10/2010 - 05:00

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Por Humberto Campodónico
Hace unos días el Ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, dijo que había comenzado una guerra monetaria internacional pues muchos gobiernos –entre ellos Japón, Corea del Sur y Taiwán– estaban impulsando la devaluación de sus monedas para aumentar la competitividad de sus exportaciones.
De su lado, EEUU presiona para que China revalúe el renminbi, lo que equivale a una devaluación del dólar. De hecho, hace algunos días, el Senado de EEUU aprobó una ley que contempla prohibiciones inmediatas a la importación de una gran variedad de productos chinos a EEUU. Según Martin Wolf, del Financial Times, esto siempre sucede “en eras de demanda declinante” (www.ft.com, Una nueva era de “mendigar al vecino”, 28/9/10).
Estas guerras monetarias y comerciales tienen diversas explicaciones. Una de ellas está ligada a los cambios en la hegemonía económica y política mundial, proceso que puede tardar muchos años, y hasta décadas. Sucedió cuando, a principios del Siglo XX se agotaba el “patrón oro”, impulsado sobre todo por la hegemónica Inglaterra.
Sucedió, también, en los años 30 cuando hubo ausencia de potencia hegemónica, pues varios países luchaban para ocuparlo. Allí comenzaron las devaluaciones competitivas: un país devaluaba su moneda para exportar más a su vecino, política inmediatamente imitada por ese mismo vecino, lo que llevaba a sucesivas devaluaciones en todos los países, como en un juego de dominó.
Cuando EEUU emergió como la potencia hegemónica después de la II Guerra Mundial, los acuerdos de Bretton Woods de 1944 consagraron al dólar como la moneda mundial de reserva con un valor fijo (US$ 35 por onza de oro). La reconstrucción de la posguerrra llevó a la recuperación de Europa (sobre todo, Alemania) y Japón, lo que impactó en la hegemonía USA. Por eso, en 1971 Nixon devaluó el dólar. De allí en adelante se pasó a un sistema de tipos de cambio flotantes, que dura hasta hoy.
En 1985, cuando la fortaleza del dólar (y las altas tasas de interés en EEUU) llevaron a su “apreciación excesiva”, el Grupo de los 7 acordó –bajo presión de EEUU– una “devaluación ordenada” del dólar, lo que aconteció en los Acuerdos del Hotel Plaza, que fueron remarcados dos años después por los Acuerdos del Louvre. Así, por ejemplo, el dólar pasó de 3.5 a 2 marcos por dólar de 1985 a 1990.
La diferencia entre 1985 y el 2010 es que la geografía económica mundial ha cambiado y la hegemonía productiva –y comercial– de EEUU ha disminuido aún más. Nuevos actores como China, los países del sudeste asiático y Brasil surgen como potencias productivas y exportadoras (son las nuevas “fábricas” mundiales), lo que se traduce en ingentes superávits comerciales que se agregan a los de Alemania y Japón.
Ese es el telón de fondo de las actuales guerras monetarias que están ya a la orden del día. Los analistas económicos hablan de un nuevo “Acuerdo Plaza”, pero no se ponen de acuerdo sobre la agenda. El Jefe del FMI, Dominique Strauss Kahn, acaba de decir que “está circulando la idea de que las guerras comerciales pueden ser usadas como un arma política. Llevada a la acción, esa idea representa un riesgo muy serio para la recuperación de la economía global y tendría un impacto de largo plazo  muy negativo” (Financial Times, 5/10/10).
En verdad de lo que se trata es de una (solo una) de las manifestaciones de la crisis sistémica que afecta el aparato productivo de la economía mundial. Comenzó con la crisis de las hipotecas “subprime”, luego el “estímulo fiscal” aumentó los déficits y la deuda, lo que ha sido enfrentado con políticas de ajuste fiscal, recesivas, que llevan a las “eras de la demanda declinante” y, por tanto, a las guerras comerciales y las devaluaciones competitivas. Veremos qué pasa.

Secuestrados por los 'compañeros’

Autor: Fritz Du Bois
A raíz del actual congelamiento en el conteo de votos en Lima para la alcaldía –que duraría un par de semanas más– se ha hecho aún más evidente la necesidad de modernizar el sistema electoral. Al mismo tiempo, también se ha transparentado que el actual partido de gobierno tiene una total oposición a la modernización, queriendo mantener la actual situación con el sistema manual y la presencia de sus personeros, quienes en este proceso han estado prácticamente desempleados debido a su fracaso ante el electorado.

Así tenemos que desde julio de 2005, cuando el anterior Congreso autorizó a la ONPE a ir implementando gradualmente el voto electrónico, esa entidad no ha podido avanzar quedándose estancada debido a la obstaculización del Apra. Primero se sentaron en la Comisión de Constitución en un proyecto para autorizar a la ONPE a reglamentar la ley y cuando finalmente la aprobaron, en noviembre de 2009, el Ejecutivo la observó aduciendo que limitaba la participación de los partidos.

Luego de ello, la comisión insiste en su proyecto, pero la insistencia está esperando hace meses poder entrar a la agenda y ser debatido en el Pleno. Al final, una ley promulgada hace más de cinco años y que sería fundamental para modernizar el sistema electoral ha sido enterrada en vida, primero por una comisión del Congreso que siempre ha sido presidida por un 'compañero’, luego observada por el gobierno del Apra, para estar ahora encarpetada por la presidencia aprista del Parlamento. Cinco años de modernización perdidos. Para obstaculizar y trabar los 'compañeros’ son, sin duda, unos expertos.

Si bien es imposible que la ONPE pueda implementar el voto electrónico al cien por ciento en las próximas elecciones presidenciales, si el Congreso aprobara pronto la insistencia, al menos se estaría en capacidad de probarlo en ese proceso con un muestreo. De esa manera, para las siguientes elecciones municipales de 2014 ya no tendríamos el actual y anacrónico procedimiento.

Por otro lado, es una contradicción que el Apra bloquee esta reforma mientras promueve el voto voluntario. No pueden tener un sistema electoral diseñado solo para su conveniencia; se oponen a la modernización porque cuentan con los personeros más avezados, pero están a favor de la libertad de elección porque tienen a los partidarios más disciplinados. Un poco de coherencia, 'compañeros’.

(Editorial) Seguridad, política de Estado y revisión de normas


Jueves 07 de octubre de 2010 - 07:31 am
El presidente Alan García ha anunciado una reunión con los alcaldes recién elegidos para analizar el grave problema de la seguridad ciudadana y “poner a la policía al mando de los alcaldes”. ¿Qué alcances y limitaciones puede haber en esta propuesta?
Entendemos el grado de preocupación del Gobierno respecto de un problema que se agrava y toma carices más violentos y perturbadores. Sin embargo, por la misma razón, insistimos en la urgencia de replantear la política de seguridad ciudadana y establecer un plan de corto y mediano plazo, precisamente para no incurrir en la improvisación de los últimos años, como sucedió con la implementación de programas tan efectistas como fugaces (Patrullero de mi Barrio, Plan Telaraña, etc).
En tal contexto, el tema de la municipalización de la PNP ha sido propuesto y descartado más de una vez. A lo más que se ha llegado, con lógica y realismo, ha sido a sugerir una transferencia gradual de la Policía de Tránsito a los concejos provinciales.
Dicho esto, debemos reiterar que, dentro del marco constitucional y normativo del Estado Peruano, es primariamente una obligación del Gobierno y específicamente del Ministerio del Interior “proteger a la población de las amenazas contra su seguridad” (art. 44 de la Carta Magna). A las municipalidades les corresponde “participar en la gestión de las actividades y servicios inherentes al Estado” (art. 192), bajo el concepto de que “la ley regula la cooperación de la Policía Nacional con las municipalidades en materia de seguridad ciudadana” (art. 195).
De acuerdo con la Ley Orgánica de Municipalidades, estas deben “establecer un sistema de seguridad ciudadana, con participación de la sociedad civil y de la Policía Nacional, y normar el establecimiento de los servicios de serenazgo, vigilancia ciudadana, rondas urbanas, campesinas o similares, de nivel distrital o del de centros poblados en la jurisdicción provincial”.
Estos enunciados, sin embargo, son solo eso. Los consejos de seguridad ciudadana, cuando se forman, se convierten en entidades burocráticas cuyas decisiones, por más buenas que sean, no son vinculantes, en tanto que la convocatoria a sesiones depende del carácter, humor o cálculo político del alcalde de turno.
En tal perspectiva, el anuncio del presidente podría entenderse como un llamado a dinamizar y reforzar la coordinación, pero eso requiere objetivos y planes precisos que orienten dicha acción a partir de modificaciones legales que dependen finalmente del Congreso.
Deben estudiarse normas para dar mayor peso institucional a estos consejos de seguridad ciudadana presididos por el alcalde y evitar, por ejemplo, que los servicios de serenazgo trabajen como compartimentos estancos, sin personal calificado y solo en algunas localidades con más recursos.
En cualquier caso, las atribuciones municipales podrían entrar dentro de los ámbitos de prevención, vigilancia, auxilio rápido, organización vecinal y apoyo a la readaptación. Empero, resulta evidente que la reducción de los niveles de criminalidad, robos, secuestros y pillaje, dependen y sobremanera, de los servicios de inteligencia y de investigación criminal de la PNP para desbaratar las bandas delincuenciales que planean sus fechorías desde las cárceles, lo que a su vez demanda una mayor asignación presupuestal y apoyo logístico a las fuerzas del orden.
Los jueces y fiscales, en tanto, deben asumir también su responsabilidad de aplicar la ley y dejar de ser timoratos o contemplativos para condenar, con máximo rigor, a quienes amenazan la integridad, la propiedad y la vida misma de los ciudadanos.
Se exige, entonces, una visión global e interdisciplinaria, que dé prioridad al liderazgo municipal, sin dejar de lado las competencias y responsabilidades inherentes a la Policía Nacional y otras entidades involucradas. Diálogo, puertas abiertas, intercambio de ideas, control de daños, revisión de normas y acciones concretas y coordinadas: esos deben ser los pilares de la primera reunión entre los representantes del Ejecutivo, el ministro del Interior, con los nuevos alcaldes, para empezar a torcer hacia abajo la amenazadora curva de crimen e indefensión.

martes, 5 de octubre de 2010

¿Ganó la izquierda? Pues sí, algo ganó

Mar, 05/10/2010 - 05:00

Promedio (11 votes)
Por Mirko Lauer
A pesar de que durante la campaña se insistió mucho en que Susana Villarán representaba a una izquierda moderada en alianza con una izquierda radical, ahora empieza a sostenerse que no es la izquierda la ganadora en Lima. Para esto se argumenta que los votos de Fuerza Social no han sido ni izquierdistas ni ideológicos. Lo cual es en buena medida cierto, pero no cuenta toda la historia.
Pues hay más de una manera de mirarlo. Un porcentaje decisivo de ciudadanos que no son izquierdistas no ha tenido problemas para darle el voto a una candidata enfrentada a (y satanizada por) una derecha política y mediática. Una de dos: o a esos votantes la izquierda que encarna Villarán no les parece repudiable, o simplemente no les cree a los detractores de esta.
Digamos que acabamos de asistir a una nueva legitimación de la idea genérica de izquierdismo. El perfil y la posición personal de Villarán han ayudado, pero eso es algo que podemos afirmar de casi todos los triunfos electorales en el Perú. Lo diferente en este caso es la atmósfera de novedad que le ha dado precisamente el izquierdismo moderado a una candidata carismática.
El argumento de que no es la izquierda la que ganó transmite la inquietud sobre cuán replicable es esta elección. Por lo pronto la izquierda, ni la moderada ni la otra, tiene en cartera una candidatura con los rasgos de esta de FS en Lima. Pero al mismo tiempo la experiencia muestra que hay más simpatías por la izquierda en un número importante de regiones del interior: ya se vio que no es preciso tanto carisma.
Sería aventurado sostener que la izquierda se ha vuelto una carta ganadora en el 2011, pero lo menos que se puede decir es que ha revelado posibilidades de ser una socia apetecible para esa elección. No solo por la buena estrella de Villarán, sino por los resultados en el resto del país, donde el espectro político se ha movido visiblemente hacia algo que no es la derecha partidaria.
Otra faceta del argumento es que en estos tiempos no tendría mucho sentido hablar de izquierda/derecha. Entonces estaríamos asistiendo a una victoria de lo nuevo frente a lo viejo encarnado por los partidos tradicionales (en este sentido una vuelta a los 90), de los independientes sectoriales frente a los membretes nacionales, y de las mujeres frente a los hombres, por qué no.
El panorama ha cambiado. Los precandidatos presidenciales van a tener que remozarse de alguna manera, y a algunos que aún no lo son se les puede abrir una ventana de oportunidad. Quizás se fortalezcan las alas izquierdas de algunos partidos. Al mismo tiempo es probable que la derecha empiece a sentir mucho más la gravitación de sus sectores más extremos y recalcitrantes.

Los partidos nacionales fueron aplastados


Independientes y organizaciones regionales se impusieron en todo el país. Solo Somos Perú y Acción Popular tienen una jurisdicción cada uno.

En Ancash, César Álvarez tiene una buena ventaja. (F.Latina)
Literalmente, desaparecieron del mapa. Los partidos políticos de alcance nacional –salvo una sola excepción– fueron aplastados por los movimientos independientes en las elecciones municipales y regionalesque se desarrollaron ayer.
En el ámbito nacional, unas 20 organizaciones regionales lograron hacerse de alguna presidencia, pero el Apra, Perú Posible, Partido Nacionalista, PPC, Fuerza 2011, Restauración Nacional y UPP no consiguieron absolutamente nada, según indican cifras parciales del conteo oficial.
Solo Somos Perú y Acción Popular tienen una jurisdicción cada uno, aunque el primero puede pelear una segunda. El único partido que ha ganado en esta elección es Alianza Para el Progreso que, aparte de haber sabido defender la Alcaldía de Trujillo, tiene una región segura y dos en disputa.
El escenario en las capitales departamentales es muy similar. Los votos fueron captados mayoritariamente por los independientes.