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lunes, 5 de diciembre de 2011

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PARA SU ANÁLISIS Y EVALUACIÓN. Al descubierto el Manual de Oxfam para destruir a la minería

Al descubierto el Manual de Oxfam para destruir a la minería

Circula desde el 2009 y es la biblia de los extremistas reciclados en “ambientalistas”
Los bloqueos de carreteras, asaltos a campamentos mineros y enfrentamientos con las fuerzas de orden, muchas veces con saldos luctuosos y lamentables, que vienen ocurriendo en diversas provincias del interior, los más recientes en las alturas de Conga (Celendín, Cajamarca), no son hechos espontáneos a cargo de comunidades supuestamente afectadas por los proyectos mineros, sino corresponden a instrucciones de “manuales” exprofesamente preparados y difundidos para sabotear las inversiones mineras y por ende el desarrollo del país.
En todos los casos, según es posible documentarlo, porque ha sido difundido extensamente por los medios de comunicación nacionales e internacionales, los encargados de ejecutar estos “manuales” son comunistas y extremistas reciclados y convertidos en “ecologistas” y “ambientales, empeñados en continuar su lucha “contra el capitalismo”, en este caso contra la inversión privada minera..
Este manual que muy bien podría ser denominado “Manual para sabotear la minería”, pero cuyo nombre, un buen eufemismo sin duda, es: “Protegiendo a su comunidad contra las empresas mineras y otras industrias extractivas”, seguido del subtítulo: “Una guía para promotores y activistas comunitarios.
El documento ha sido editado en el 2009 y difundido por la ONG Oxfam, con sede en Gran Bretaña y circulado masivamente entre los llamados dirigentes comunitarios de Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y Perú, donde la citada ONG religiosa opera abiertamente.
Antecedentes
Uno de los “ambientalistas” más connotados que sigue a pie juntillas este “manual” es Wilfredo Saavedra, ex militante del MRTA, ahora presidente de un frente de defensa antiminero de Conga y responsable de las acciones de violencia contra el proyecto minero, que no tiene cuándo terminar.
El manual, de 40 páginas, entrega una orientación pormenorizada de procedimientos para oponerse a una inversión minera, en la que hace un listado de acciones que van desde la difusión de panfletos denunciando los supuestos daños de determinada inversión minera hasta el lanzamiento de acciones directas como bloqueos de carreteras y enfrentamientos físicos.
Su autor es el conocido dirigente antiminero ecuatoriano Carlos Zorrilla, con la asistencia de los activistas de la Oxfam: Aden Buck, Paula Palmer y David Pellow.
La obra sintetiza las experiencias mineras de la organización Defensa y Conservación Ecológica de Intag- Decoin, liderada por Zorrilla contra dos proyectos de apertura de minas de cobre a cielo abierto en la región de bosque nublado de Intag (Ecuador)
También la experiencia de Tambogrande (Piura), en la que el “manual” reconoce que se siguieron todos los pasos recomendados, entre ellos las protestas pacíficas, pasando por las acciones directas físicas, léase bloqueo de carreteras y enfrentamientos físicos, hasta un referéndum, en que la población presionada por la ofensiva propagandística antiminera, votó mayoritariamente por su rechazo.
“No a la minería”
Antes de entrar a proponer la contraofensiva contra los proyectos mineros, el “manual” en su introducción, descarta la conveniencia de la actividad minera, a la que de partida califica de destructiva sin excepciones, atribuyéndole esta cualidad a las minerías subterránea (socavones), a cielo abierto, de lixiviación, aluvial, y la de pequeña escala.
“La minería y otras industrias extractivas están entre las actividades más destructivas del planeta, especialmente para las comunidades indígenas y agrícolas. Los minerales, metales, hidrocarburos y madera que las industrias extractivas buscan son muy rentables, de manera que hacerle resistencia requiere de un trabajo arduo”, dice en su introducción.
Su autor anatemiza los supuestos efectos de cada una de estas minerías, señalando por ejemplo como inaceptables, en el caso de la minería a cielo abierto, los cráteres de hasta 4 kilómetros de ancho por 1.5 kilómetros de profundidad, en el que cada uno de ellos estaría generando millones de toneladas de residuos tóxicos, por involucrar el desarraigo y reubicación de las comunidades residentes, supuestamente sin medios de sustento y con sus culturas destruidas.
Como es de esperar, sin considerar para nada la información sobre las modernas tecnologías mineras que han reducido a cero los riesgos de la minería, el “manual” se regodea describiendo los impactos sociales como las muertes que se producen en los socavones por derrumbamientos, inundaciones, y las enfermedades como la silicosis y cáncer al pulmón, que acarrearía la actividad minera.
Campañas
E igualmente, los impactos ambientales, como los supuestos “envenenamientos de las fuentes de agua por siglos”; de los cultivos a decenas de kilómetros de distancia de las minas, por los supuestos efectos de las sustancias y metales tóxicos, como: mercurio, plomo, arsénico y cianuro, amén de enfermedades graves y congénitas incurables.
Las enseñanzas del manual sobre cómo enfrentar una inversión empieza con el sencillo e inofensivo consejo: “Infórmese y prepárese”, recomendando como tarea inicial crear una organización local. “Se empieza con una o dos personas preocupadas por el bienestar de la comunidad” y reclutar preferencialmente a líderes cívicos y religiosos, y a personas honestas y respetadas”.
La segunda enseñanza del manual es “informe a la comunidad” para lo cual el activista debe ir de puerta en puerta a hablar con la gente de la comunidad y convencerlas del daño inminente que ocasionaría el establecimiento de determinada minera, al mismo tiempo que debe hacer circular material impreso y hacer giras de difusión de los derechos de las comunidades y las obligaciones de las compañías mineras.
Una vez que se sepa del inicio de actividades de exploración u explotación mineras, los activistas deben concretarse a usar los medios de comunicación locales (periódicos, radios y TV), obtener financiamientos, formar alianzas, para lo cual debe contactarse con organismos religiosos y ambientales y preferentemente con la junta de usuarios del agua comunal e instituciones turísticas de la región haciéndoles ver el daño que sufrirán las atracciones turísticas.
Acción directa
Los activistas deben pasar a la etapa siguiente haciendo alianzas con variedad de grupos, universitarios, docentes, comprometiéndoles a que realicen investigaciones sobre las secuelas de la actividad minera y con ONGs del ámbito nacional e internacional para llevar al exterior la denuncia del supuesto daño ambiental.
Si la minera sigue impulsando sus proyectos, los activistas deben utilizar la ley y el proceso político interponiendo impugnaciones legales y al mismo tiempo asumir el estudio de la legislación vigente para hacerse de las armas necesarias a fin de combatir a la minera.
Zorrilla, el autor, recuerda que en el caso de Decoin, en Intag, interpusieron hasta cinco impugnaciones, las que aunque “fracasaron por la corrupción judicial, cumplió con el objetivo de mostrarle al mundo el supuesto grave problema minero”.
El “manual” aconseja seguidamente a obstaculizar por todos los medios los procesos judiciales, mediante el empleo de tácticas dilatorias, con la finalidad de retrasar el inicio de las actividades mineras, en el entendido de la “lucha antiminera es ante todo una lucha política y no de debe confiar únicamente en argumentos técnicos.
“Tarea clave”
El “manual” advierte centrar las tareas en impedir que la minera obtenga la “licencia social”, es decir que no reciba la aprobación de la comunidad donde proyecta realizar sus actividades, para lo cual se debe aprovechar los errores de la empresa y ponderar la superioridad de otras alternativas económicas a la minería, y concientizar sobre el peligro de extinción de las fuentes de agua y de la biodiversidad.
Los “consejeros” antimineros aconsejan examinar una especie carismática (cóndor, osos, jaguar, etc), existente en el área elegida para la actividad minera, para denunciar sostenidamente el peligro de extinción que se cierne sobre ella.
A estas altura de la lucha antiminera, el “manual” aconseja pasar a las acciones directas, es decir al desencadenamiento de medidas físicas con la finalidad galvanizar a la opinión pública local, nacional e internacional, mediante acciones de bloqueo de carreteras, tomas pacíficas de establecimientos y huelgas de hambre, etc.
Dice el “manual” que las acciones directas son eficaces en cualquier etapa en que se encuentra el proyecto de actividad minera. Ni más ni menos lo que estamos viendo en Conga, sin mencionar las decenas de focos de conflictos mineros, donde se han puesto en juego el principio de autoridad y la institucionalidad democrática.

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