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domingo, 27 de noviembre de 2011

EL RESPALDO DE PINOCHET A LONDRES DURANTE LA GUERRA DE LAS MALVINAS

Como fue el apoyo chileno Chile dio en 1982 ayuda de inteligencia a los ingleses. También permitió vuelos de vigilancia de aviones británicos
Nota editada por el diario CLARIN el viernes 23 de octubre de 1998
MEMORIA por LUIS GARASINO de la redacción de Clarín

Durante la guerra de Malvinas de 1982 las fuerzas armadas chilenas dieron apoyo de inteligencia a los británicos y realizaron desplazamientos navales y terrestres para distraer a la conducción militar argentina. También otorgaron cobertura a una fuerza especial británica tras un frustrado ataque a la base aeronaval de Río Grande.
El decisivo apoyo de la dictadura chilena a la flota británica durante la guerra fue confirmado por expertos y fuentes militares argentinas consultadas por Clarín.

Sus conclusiones amplían las declaraciones de ayer de la ex primera ministra Margaret Tatcher y del ex jefe de las fuerzas terrestres británicas en la guerra, general Jeremy Moore, sobre el respaldo que el ex dictador Augusto Pinochet les dio.
La más reciente investigación sobre ese respaldo la hizo el ex diputado conservador inglés Rupert Allason en su libro " La guerra secreta por las Malvinas", "Es casi imposible tener una visión global del conflicto si no se tiene en cuenta el rol vital que jugó Santiago de Chile", sostuvo.
En sintonía con la posición de Allason, fuentes militares argentinas recordaron que desde que se inició el conflicto, el régimen de Pinochet -todavía envuelto en la disputa por el canal de Beagle que en 1978 estuvo por provocar una guerra entre ambos países- tomó dos medidas destinadas a ejercer presión sobre Buenos Aires.

Por un lado, a comienzos de abril, Chile desplazó su flota de mar desde su apostadero de Valparaíso con rumbo al sur, pero con destino desconocido y manteniendo riguroso silencio de radio. Lo habría hecho por sugerencia de los ingleses, que necesitaban que la Argentina distrajera recursos militares.
Por otro lado, desplegó su reserva estratégica terrestre, unos 20.000 hombres, de la zona de Santiago hacia la región limítrofe con Río Negro y Neuquén. Este movimiento obligó a la conducción militar argentina a inmovilizar a las Brigadas VIII de Infantería de Montaña de Mendoza y a la VI de Neuquén. y demoró el despliegue de la IV Aerotransportada de Córdoba hacia el sur. "Casualmente esas eran las unidades mejor preparadas del Ejército Argentino para operar en Malvinas", recordaron las fuentes militares.

Por otra parte, Pinochet autorizó que aviones Canberra de reconocimiento aerofotográfico y Hércules equipados para inteligencia electrónica, de la real fuerza aérea (RAF, en inglés) operasen desde Punta Arenas con insignias chilenas y tripulaciones británicas. Esos aviones realizaron un "barrido" electrónico y fotográfico de las bases aéreas argentinas desde donde se lanzaban los ataques contra la flota británica.
En su libro, Allason afirmó que muchos oficiales chilenos se sorprendieron al encontrar gente que vestía su mismo uniforme y se apellidaba "Gonzalez" o "García", pero que no hablaban una palabra de castellano, o al ver un Hércules británico que ostentaba orgullosamente la leyendo "Fuerza Aérea de Chile" (sic).

La tarea de los aviones británicos que sobrevolaban la cordillera se complementaba con la acción de espías chilenos que informaban sistemáticamente sobre los vuelos de nuestros aviones.
El operativo de apoyo incluía también los radares chilenos, que mantenían una estrecha vigilancia sobre los aeródromos argentinos. Paralelamente, las estaciones de comunicaciones seguían los intercambios radiales argentinos y "en muchas ocasiones los interferían sistemáticamente", subrayaron las fuentes militares.

Pero el punto culminante de esta cooperación chileno-británica fue una frustrada incursión del SAS (Fuerzas Especiales inglesas) que debían aterrizar sorpresivamente en dos Hércules en el aeropuerto de Río Grande. Una vez allí, unos 60 efectivos destruirían los aviones Superetendard de la Armada, sus misiles Exocet y eliminarían a los pilotos, que causaban estragos en la flota británica, como el hundimiento del destructor "Sheffield".
Sin embargo, un helicóptero Sea King con tres tripulantes y nueve hombres del SAS que despegó del portaaviones "Invencible" para vigilar la base de Río Grande y guiar a los aviones encontró a la guarnición argentina en tal estado de alerta que se prefirió abortar la misión. Luego se retiraron volando hacia Punta Arenas, donde destruyeron el helicóptero.

La tripulación del helicóptero fue "blanqueada" por Chile diciendo que se habían alejado de la flota en vuelo de reconocimiento y que "la falta de combustible" los decidió a aterrizar de emergencia "en territorio neutral". Los nueve miembros del SAS llegaron luego a Santiago, se los alojó en casas particulares y desde allí se los repatrió discretamente hacia Londres. 

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